Cristina Peri-Rossi: ‘Recitales de poesía’

Peri-Rossi

Cristina Peri-Rossi es una magnífica cuentista en prosa, pero puede ser extraordinaria en este ejemplo de poesía narrativa, una historia con tono de diario íntimo al que la cadencia del verso le otorga un ritmo casi de danzón cubano que además subraya el humor que baña el relato y afina la mirada poco piadosa de la escritora.

Me habían invitado a un festival de poesía
en un pueblucho de gente adinerada
gente con pretensiones
—o sea, gente que no lee poesía—

Pensé que el Ayuntamiento necesitaba
blanquear dinero

dobles facturas de hoteles taxis restaurantes
al treinta por ciento o así

pero yo también necesitaba un poco de dinero
y además el hotel estaba frente al mar

eso era lo que más me importaba

ver el mar desde el hotel

escuchar el mar desde el hotel

y además era invierno

cuando el mar no está infectado infestado de bañistas

En el tren pusieron una película detestable
de modo que me dediqué a mirar
la especulación inmobiliaria

urbanizaciones
pareados
y cosas así

el vagón iba repleto de adolescentes
y adolescentas
que gritaban
por los móviles

de modo que yo no podía estar de malhumor en paz

vi como sepetecientos mil pareados

y ningún árbol

la costa es así
donde había árboles
ahora hay chiringuitos

el mar ya no huele a mar
huele a huevos fritos

El organizador era un tipo amable
creo que se sentía un poco culpable
del aspecto francamente hortera del pueblucho
lleno de suvenires y restaurantes de menú fijo para turistas

La lectura fue en un teatro
entrada gratis
para que la gente no tuviera que pagar
por escucharnos

(seis poetas, yo la única mujer)

después de la lectura se fueron por ahí a cenar y de copas

yo me fui al hotel
tenía ganas de mirar el mar

pero de noche desde la habitación no se veía el mar

sólo podía escucharlo

A lo lejos de vez en cuando veía la luz de un barco

o quizás era un faro lejano

como los que pinta Eduardo Sanz

Pedí un sándwich de jamón y queso

me estiré en la cama

cama grande

cama de hotel de lujo

Sentía un poco de culpa por no estar comiendo y bebiendo
con mis
colegas los poetas

Encendí la luz de afuera y pude ver al gran animal oscuro

que parecía quieto
adormilado
pero roncaba

el mar negro de mis peores pesadillas

A la mañana siguiente después de un suculento desayuno
(venía incluido en el precio que el Ayuntamiento había
pagado)

me despedí del organizador.
Estaba contento

todo había ido bien
bien la lectura
bien los poetas
bien los aplausos
bien la prensa
y los medios de comunicación

El único problema —dijo
era la factura de habitación de los poetas:

habían alquilado películas porno
por televisión

y se fueron sin pagar.

Le dije que no me parecía bien
pero en el fondo me reí

Serían las únicas facturas que no podría
blanquear.

 

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