Onetti

Juan Carlos Onetti: ‘El cerdito’

Para un mundo con una sensibilidad ‘disney’ tan a flor de piel que la sola idea de asociar infancia y maldad es un anatema, este relato tan breve como implacable de Onetti es una bofetada muy muy merecida

Margaret Atwood: ‘Lusus naturae’

Ni el tema de la conversión en monstruo ni tampoco el relato en primera persona del proceso son precisamente nuevos en la literatura, pero hacerlo con la sensibilidad y la minuciosidad de Atwood sí que lo es y, si tampoco fuera nuevo, el retrato íntimo que hace la autora de la ‘enferma’ y de su entregada resignación es sencillamente magistral.

Paul Auster: ‘El cuento de navidad de Auggie Wren’

Un cuento dentro de un cuento que es una obra maestra. Con cuatro personajes y una trama muy fina, Auster demuestra que la magia de la literatura es narrar y que narrar es seducir primero al lector, llevarlo luego adónde el autor quiere y finalmente devolverlo, pero ya no a la situación de salida, porque el lector, por obra del relato, ha cambiado.

Doris Lessing

Doris Lessing: ‘Una casa de verano’

Se reconoce a una autora de raza cuando a partir de una anécdota aparentemente insignificante es capaz de construir un significado pleno. Una ruina, el juego de una niña y la observación detallada y animosa de la autora tejen un pequeño mundo donde una realidad simulada importa más que los esfuerzos reales por reconstruir una ciudad devastada por la guerra.

Mariana Enríquez

Mariana Enríquez: ‘Cosas que perdimos en el fuego’

La argentina Mariana Enríquez, una de las voces jóvenes más personales en español y autora de la excelente novela ‘Nuestra parte de noche’, nos introduce con este inquietante y provocador relato en una distopía donde un movimiento clandestino de mujeres sueña con un ‘mundo ideal de hombres y monstruas’.

Agustina Bazterrica

Agustina Bazterrica: ‘Teicher vs Nietzsche’

He aquí el relato argentino quintaesencial: un divorciado resentido y sabidillo aguarda la hora del inicio de un partido Boca-River en la compañía no deseada del gato de su exmujer, de nombre Nietzsche (el gato, claro), mientras la tragedia rueda hacia él como un balón perdido ¿o no tanto? Naturalmente, lo más argentino de esta función es la mirada socarrona y nihilista de Bazterrica.

Lorrie Moore

Lorrie Moore: ‘Cómo convertirse en escritora’

Decía Cela que una cosa muy importante y terapéutica en esta vida es tener ‘un sentido deportivo de la existencia’. Eso mismo (se) lo aplica Lorrie Moore en esta amarga y sin embargo divertida confesión sobre los anhelos y los fracasos de quienes deciden que el deseo de escribir es lo único que verdaderamente les merece la pena, y mucha pena muchas veces.

Anton Chéjov

Anton Chéjov: ‘El niño maligno’

No deja de ser este cuento un apunte, un entretenimiento del maestro ruso, pero es una pequeña gema y cuando al final nos muestra el momento más feliz de un noviazgo bastante angustioso no podemos sino sentir lástima por la desdichada pareja.

Holloway Horn: ‘Los ganadores de mañana’

‘Los ganadores de mañana’ es un relato muy hábil que sabe colocar sin aspavientos la semilla de lo fantástico en el desarrollo de lo cotidiano hasta, de forma casi explosiva, liberar toda su energía en una magnífica descarga final.

Peri-Rossi

Cristina Peri-Rossi: ‘Recitales de poesía’

Cristina Peri-Rossi es una magnífica cuentista en prosa, pero puede ser extraordinaria en este ejemplo de poesía narrativa, una historia con tono de diario íntimo al que la cadencia del verso le otorga un ritmo casi de danzón cubano que además subraya el humor que baña el relato y afina la mirada poco piadosa de la escritora.