Margaret Atwood: ‘Lusus naturae’

Ni el tema de la conversión en monstruo ni tampoco el relato en primera persona del proceso son precisamente nuevos en la literatura, pero hacerlo con la sensibilidad y la minuciosidad de Atwood sí que lo es y, si tampoco fuera nuevo, el retrato íntimo que hace la autora de la ‘enferma’ y de su entregada resignación es sencillamente magistral.

Holloway Horn: ‘Los ganadores de mañana’

‘Los ganadores de mañana’ es un relato muy hábil que sabe colocar sin aspavientos la semilla de lo fantástico en el desarrollo de lo cotidiano hasta, de forma casi explosiva, liberar toda su energía en una magnífica descarga final.

Enrique Anderson Imbert: ‘El suicida’

Solo si existieras privado de todo afecto de y por otros seres humanos, sería el suicidio un acto de valentía. En caso contrario, puede ser mezquino y cobarde. El argentino Anderson Imbert, en esta casi minúscula maravilla, lo muestra en clave de humor absurdo.

Juan José Arreola

Juan José Arreola: ‘El guardagujas’

Este relato, ‘probablemente el mejor cuento de literatura fantástica escrito en México en el siglo XX’, se puede interpretar de muchas maneras, pues está repleto de infinidad de símbolos de influjo kafkiano, pero quizá lo mejor de él es la forma en que autor y lector, completos cómplices por obra de un humor tan desbordante como afilado, superan la angustia que genera el absurdo, hijo del maestro checo, y, en una dulce derrota, como la del viajero protagonista, deciden aprovechar el más que aparente caos del sistema ferroviario como una oportunidad para esa aventura que debería ser toda vida.

Marguerite Yourcenar

Marguerite Yourcenar: ‘De cómo se salvó Wang-Fo’

Puede que Kipling escribiera ‘El cuento más hermoso del mundo’, pero este de Yourcenar contiene una de las historias más memorables, sobrecogedoras y magistralmente resueltas que uno se haya echado a los ojos, una historia que trata de como la búsqueda (y el hallazgo) de la belleza puede ser un don al mismo tiempo que una condena (literalmente).

Héctor Murera

Héctor A. Murera: ‘El gato’

Incluido por Borges, Ocampo y Bioy Casares en su ‘Antología de la literatura fantástica’, este relato breve de Héctor Murera (1923-1975) es una magnífica pieza de orfebrería literaria que por los pocos elementos con que juega (un hombre, un gato, el tiempo) necesita de la complicidad del lector para descargar toda la fuerza de una historia que puede interpretarse desde una racionalidad áspera y deprimente o desde un desciframiento irracional mucho más sugestivo y quizá poéticamente justo.

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Vicente Blasco Ibáñez: ‘Sancha’

Quizá sea ‘Cañas y barro’ la más naturalista (por apasionada y tremendista) de las novelas de Blasco Ibáñez. En ella y tomado de la tradición popular (sería una ‘leyenda rural’ pues contiene los mismos avisos que las ‘urbanas’) hay un cuento acerca de la ‘amistad’ entre un pastor y una serpiente.